El anuncio.
Por
lo menos desde el domingo 13 de octubre se sabía. Los grupos de autodefensa de
las comunidades de Tepalcatepec, Buenavista Tomatlán, Aguililla, Coalcomán y
otros lugares hablaron de “marchar” sobre Apatzingán para apoyar a sus
presuntos pares del lugar. Se hablaba de ocupar la ciudad de la Tierra Caliente
michoacana con el objeto de enfrentar al crimen organizado arrebatándole el
control de su principal centro de operaciones. La zozobra cundió por la región,
mientras el país prestaba atención a otras cosas. Como en otras ocasiones, la
increíble incomunicación en la que se encuentra la Tierra Caliente impidió
medir las consecuencias del anuncio, a pesar de ser tratado esa misma semana en
el programa Punto de partida de
Denise Maerker.
La
marcha.
Las
cosas llegaron a su punto culminante el sábado 26. En Morelia se supo a través
de las redes sociales que algo ocurría en Apatzingán, aunque la información era
confusa e incompleta. Mientras personas identificadas como guardias “de
autodefensa” despojaban de sus armas a los policías municipales, los grupos de
Tepalcatepec, Buenavista y demás poblaciones marchaban detrás de una
retroexcavadora. La máquina tenía el propósito, según se dijo, de remover los
retenes que pudiesen impedir el paso de las autodefensas… aunque se tratase de
retenes del ejército o la policía federal (PF). Alertados por los helicópteros,
efectivos del ejército mexicano interceptaron a la marcha de los autodefensas a
la altura de la comunidad El Recreo. Ahí se vivieron momentos de tensión.
Los
civiles portaban palos, pistolas y algunos rifles. Según versiones, entre
autodefensas y soldados hubo intercambio de palabras e incluso algunos
empujones. Finalmente, cerca de la una de la tarde, se acordó que los civiles
entraran en Apatzingán desarmados, sólo para hacer una especie de recorrido por
el centro de la ciudad y manifestar su apoyo a las acciones de sus colegas
locales. El ejército entró junto con las autodefensas, mientras patrullas de la
PF hacían recorridos alrededor de la plaza principal. Según videos difundidos
en televisión y en las redes sociales, una camioneta provista con un sistema de
sonido anunciaba a los pobladores la llegada de las autodefensas en tono casi
festivo.
Francotiradores.
Más
tarde se supo por testimonio del doctor José Manuel Mireles –líder del grupo de
autodefensa de Tepalcatepec- que al
entrar en el primer cuadro de Apatzingán se notó la presencia de hombres
armados en la torre de la iglesia y en algunas azoteas. A pregunta expresa, el
comandante militar que acompañaba a las autodefensas dijo que se trataba de
efectivos del ejército, que no había nada que temer. Sin embargo, minutos más
tarde se produjeron disparos que sembraron el pánico entre los pobladores. Los
miembros de las autodefensas iban desarmados, según el acuerdo al que se llegó
con el propio ejército antes de entrar en la ciudad. ¿Quién disparó? Al momento, ni el ejército ni la PF –presentes
en la escena- han reportado detención alguna relacionada con este hecho. El
reporte oficial habla de un solo herido, un civil que al parecer se encontraba
en el lugar observando.
Reportes
no confirmados hablan de enfrentamientos en diferentes zonas de la ciudad, con
heridos y tal vez muertos. Una semana más tarde ningún pronunciamiento oficial
ha sido emitido al respecto.
Las
tortillas y el miedo.
Poco
antes de que se registrara la marcha de los grupos de autodefensa, Apatzingán
enfrentaba una peculiar manifestación del miedo: se decía que el crimen
organizado amenazaba a las tortillerías para evitar que el producto fuese
expedido. El hecho es que durante el fin de semana tuvieron lugar compras de
pánico, ante la posibilidad del desabasto.
La
respuesta.
El
mismo sábado ya entrada la noche, así como el domingo 27 durante las primeras horas
de la madrugada, ocurrió lo que a todas luces resultó ser la respuesta del
crimen organizado. Cuatro gasolineras de la ciudad de Morelia, una de Tarímbaro
y otra de Apatzingán, fueron atacadas por sujetos armados. Se habló también de
una agresión a una gasolinera de Pátzcuaro, pero la información resulta confusa.
Sin embargo, la parte principal de la respuesta se concentró en subestaciones
de la Comisión Federal de Electricidad (CFE).
Individuos
armados atacaron con bombas molotov, con ráfagas de metralla o de ambas maneras
subestaciones eléctricas en Apatzingán, Sahuayo, Ciudad Hidalgo, Zacapu,
Uruapan, Paracho, La Piedad, Zamora, Jacona, Álvaro Obregón, Maravatío,
Zitácuaro, Tarímbaro y Morelia. En Apatzingán los problemas con el servicio
eléctrico perduraban todavía el martes 29. Se trató evidentemente de un ataque
orquestado con cuidado y con la intención de mostrar la capacidad de acción de
los hechores. Casi una semana más tarde, el noticiero de Joaquín López Dóriga dio
a conocer videos de seguridad rescatados de las subestaciones de Zitácuaro,
Zamora y Morelia. En ellos se aprecia un detalle inquietante: los agresores
cuentan con entrenamiento táctico, apreciable en sus movimientos y en la manera
de portar las armas que llevan. Definitivamente no son aficionados, como
algunos asaltantes de joyerías y casas de cambio mostrados a veces en el mismo
noticiero.
¿Seis
municipios?
El
secretario de gobierno Jaime Mares, así como el propio gobernador Fausto
Vallejo, insistieron en los días sucesivos en que el problema está lejos de
afectar a todo Michoacán, pues el fenómeno de los grupos de autodefensas se
concentra en “cinco o seis municipios”. Además de que la versión en sí misma es
bastante cuestionable, los ataques a instalaciones de la CFE son un contundente
mentís. Prácticamente toda la geografía michoacana se vio afectada durante las
últimas horas del sábado 26 y las primeras del domingo 27. Puede repasarse la
lista de dichos ataques:
Morelia: capital del estado, situada en
la porción noreste del mismo. No es Tierra Caliente.
Ciudad Hidalgo: una de las principales
poblaciones del oriente, cerca ya del Estado de México. No es Tierra Caliente.
Sahuayo: ciudad del noroccidente del
estado, casi colindante con Jalisco. No es Tierra Caliente.
Maravatío: la otra población de
importancia en las lindes con el Estado de México. No es Tierra Caliente.
Álvaro Obregón: municipio en el que se
asienta el aeropuerto internacional de Morelia. No es Tierra Caliente.
Paracho: población de raíz purépecha
situada en la entrada de la Meseta. No es Tierra Caliente.
Zamora: la ciudad principal de la cuenca
del Río Duero, más bien cercana a Jalisco. No es Tierra Caliente.
Jacona: ciudad vecina a Zamora. No es
Tierra Caliente.
Tarímbaro: municipio prácticamente
conurbado a Morelia por el norte. No es Tierra Caliente.
La Piedad: ciudad predominantemente
ganadera situada en el norte del estado, en la región del Bajío que corresponde
a Michoacán. No es Tierra Caliente.
Uruapan: centro geográfico del estado,
conocida como la principal región aguacatera del país. Hacia el sur de Uruapan
se abre la Tierra Caliente, mientras que al noroeste se entra a la Meseta
Purépecha.
Zitácuaro: ciudad de Tierra Caliente,
cercana más bien a la frontera con Guerrero.
Las
clases altas en peligro.
El
gobernador Fausto Vallejo canceló su visita al Festival Internacional de Cine
de Morelia, programada para la clausura del mismo el domingo 27. Pero ésa no
fue la única manera en que la elite michoacana supo de los acontecimientos de
las horas anteriores.
Una
de las gasolineras atacadas en Morelia fue la situada en el camino a Santa
María, justo a la entrada de la zona en la que se encuentra el Instituto
Valladolid y la Universidad Vasco de Quiroga. Por la hora en que ocurrieron los
hechos, una importante cantidad de bares y “antros” se encontraban en pleno
funcionamiento. La clientela habitual de dichos lugares es la “juventud dorada”
moreliana. Pues bien: a pocos metros de donde los muchachos se divertían, los
sistemas de seguridad automática de la gasolinera impidieron que el ataque se
convirtiera en tragedia. Durante algunas horas, angustiados vecinos y padres de
familia intercambiaban mensajes de texto en sus celulares, inquiriendo por lo
que pasaba. Se dijo que los atacantes se encontraban, tan quitados de la pena,
cenando en el centro comercial de Altozano.
Los
muertos.
El
lunes 28 las cosas no mejoraron, al
menos en lo que toca a la zozobra y al miedo. Se supo que cayeron abatidos en
San José de Chila, cerca de Apatzingán, cinco presuntos sicarios al servicio
del crimen organizado. Al parecer se trató de un enfrentamiento con un grupo de
autodefensa. El mayor de los muertos contaba con 28 años de edad; el menor, con
16.
El
mismo lunes aparecieron los cadáveres de cinco varones en la región de La
Piedad, con señales de haber sido ejecutados. Más tarde se supo que se trataba
de jornaleros del estado de Guerrero que trabajaban en los campos de Yurécuaro,
un municipio vecino. ¿Confundidos con sicarios de alguna organización rival?
Pero
éstos son los datos oficiales. El doctor Mireles, por su parte, habló en
entrevista con Carmen Aristegui de enfrentamientos múltiples y de 23 muertos.
Las dudas respecto a las cifras de la muerte en Michoacán siguen en el aire.
La
denuncia del obispo.
Desde
el 15 de octubre, monseñor Miguel Patiño –obispo de Apatzingán- había escrito
una carta pastoral en la que denunciaba la situación en su diócesis.
Textualmente, el padre Patiño declaró entonces que “Los gobiernos municipales y la policía están sometidos o coludidos con los
criminales y cada vez más crece el rumor que el gobierno estatal también está
al servicio del crimen organizado, lo que provoca desesperanza y desilusión en
la sociedad”. Por desgracia, no hay manera de desmentir al prelado.
Y
es que una pregunta simple pero terrible flota en el aire: ¿cómo es posible que
las autoridades no sean capaces de encontrar y detener a los miembros del
crimen organizado, si en Apatzingán y en otros lugares todo mundo sabe dónde se
refugian o, sencillamente, dónde viven?
No hay comentarios:
Publicar un comentario