domingo, 10 de noviembre de 2013

Ygnacio López Mendoza: denunciar se paga con la muerte



            En las primeras horas del jueves 7 de noviembre fue encontrado el cuerpo sin vida de Ygnacio López Mendoza. Se trataba del alcalde de Santa Ana Maya, Michoacán, quien pocos días antes había concluido una huelga de hambre ante el senado de la república en la Ciudad de México. La manifestación tuvo por objeto exigir más recursos para los municipios del país en general y para Santa Ana Maya en particular. Ahora el cuerpo de López Martínez, médico de profesión, aparecía en su camioneta con huellas de golpes en el rostro, en un lugar cercano a Acámbaro, en el vecino estado de Guanajuato.

            A lo largo del mismo jueves 7 circuló la versión de que el Dr. López Mendoza había sufrido un accidente. Pero las autoridades de Guanajuato se encargaron, a las pocas horas, de hacer notar que el alcalde había sido torturado y asesinado. El viernes 8, el propio secretario de Gobernación –Miguel Ángel Osorio Chong- dio por sentada la última versión. ¿Qué había pasado?


Un médico militante.

            De acuerdo con su curriculum vitae, López Mendoza nació en el propio Santa Ana Maya en 1952. A partir de la secundaria, realizó sus estudios en la Ciudad de México hasta obtener el título de médico cirujano y partero por la UNAM, en 1977. El internado de posgrado lo había realizado en Celaya, y el servicio social en la comunidad de Atlixtac, en la montaña de Guerrero. En marzo de 1983 formó parte de la brigada mexicana “Emiliano Zapata”, enviada a la Nicaragua sandinista para auxiliar al gobierno revolucionario en sus tareas de asistencia a la población. Fue también fundador de la escuela preparatoria por cooperación “Melchor Ocampo” en Santa Ana; en dicho plantel impartió las clases de biología, psicología e historia de México. Finalmente, instaló un consultorio particular en su lugar de origen. En sus palabras, el consultorio del Dr. López Mendoza funcionaba “sin intención de lucrar, sino de proporcionar un servicio profesional”.

            Durante su estancia en Guerrero, López Mendoza conoció a miembros del Partido Comunista Mexicano (PCM), organización a la cual se afilió. Fue fundador del Comité Municipal del PCM en Santa Ana Maya, y secretario general del mismo. También lo fue del Partido Socialista Unificado de México (PSUM) y del Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT), cuando la antigua organización cambió de nombres durante la década de los ochenta. Finalmente se afilió al Partido de la Revolución Democrática, y más recientemente –por desacuerdos con la política de la actual dirigencia del PRD- se pasó a las filas del Partido del Trabajo. El Dr. López Mendoza formaba parte de la estructura del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA).

            López Mendoza había sido ya presidente municipal en el periodo 1990 – 1992, y candidato a alcalde y a diputado local y federal en varias ocasiones. Como puede apreciarse, se trataba de un militante de izquierda que desde el medio rural de Santa Ana Maya intentaba llevar adelante los proyectos de las diversas organizaciones a las que perteneció. Por lo que se verá en seguida, al parecer esa militancia influyó en la penuria económica a la que fue sometido el municipio en los últimos tiempos.


Un municipio castigado.

            Santa Ana Maya se encuentra al noroeste de Morelia, ya en las lindes de Guanajuato, cerca de la zona de Celaya.  Contra lo que algunos medios nacionales han insinuado, no se trata de un municipio de Tierra Caliente –región que, en el imaginario de dichos medios, parece concentrar todos los problemas del estado. Según el censo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), Santa Ana cuenta con casi 13 000 habitantes. Sin embargo, el Dr. López Mendoza declaró en entrevista a Revolución Tres Punto Cero el 10 de octubre –en el contexto de su huelga de hambre ante el senado- que “hasta en eso nos roban”. Según él, la población del municipio ronda ya las 17 000 personas.

            El “rasuramiento” de la población tendría sentido. El Dr. López Mendoza insinuó que al contar “oficialmente” con menos habitantes, Santa Ana se hacía acreedor a una cantidad menor de recursos federales. Pero ése no era el único de los problemas que justificaban la extrema manifestación del médico y alcalde.

            En la entrevista mencionada, así como en otras concedidas a Fernanda Tapia y Carmen Aristegui, López Mendoza recordó la muy desigual distribución de los recursos fiscales en el país. De cada peso destinado al presupuesto total, solamente el cuatro por ciento –cuatro centavos- se destina al nivel de gobierno municipal. Esto significa que  los 2 445 municipios de México deben repartirse –entre todos- esos cuatro centavos de cada peso del presupuesto anual. Además, no todos los municipios se encuentran en condiciones de hacerse de recursos por sus propios medios con la misma facilidad. Como era de esperarse, aquéllos que cuentan con 50 000 habitantes o menos –municipios rurales e indígenas, claro está- siempre tienen mayores problemas para recaudar lo que concierne al uso del agua y al impuesto predial.

            Pero hay más. Quienes sí que están dispuestos a cobrar puntualmente son organismos tales como la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) y la Comisión Federal de Electricidad (CFE), y también empresas como TELMEX. No es fácil administrar los muy escasos recursos cuando instancias como éstas, esenciales para el funcionamiento de cualquier municipio, no perdonan. Por otra parte, el gasto municipal se destina mayormente a cubrir meros gastos de nómina –hasta un 70 %. En este último punto, debe destacarse que una buena parte de los funcionarios que cobran en un ayuntamiento cualquiera son delegados federales, impuestos en función de programas que no siempre pueden realizarse. Un absurdo.

            En muy pocas palabras: los municipios en México están sencillamente asfixiados. Una razón fundamental para llevar a cabo su huelga de hambre la expresó el Dr. López Mendoza de esta manera: “no pedimos mucho: que suba de 4 % a 10 % el presupuesto para los municipios”.

            En vista de todo esto, no debiera extrañar la fragilidad institucional que los municipios –especialmente los más pequeños y pobres- experimentan frente a la descomunal amenaza del crimen organizado. Esta situación debiera llevar a una reflexión simple pero importante: ¿tenía razón Felipe Calderón cuando, como solía hacer, insinuaba que la causa mayor del desorden y la violencia imperantes en el país recaía precisamente sobre las autoridades municipales? Sensatamente hablando, ¿podría pedírsele a los gobiernos de lugares como Santa Ana Maya que enfrentaran al crimen con sus exiguos recursos? La responsabilidad histórica de Calderón parece cada vez más difícil de ocultar ante datos como los que proporcionaba el Dr. López Mendoza. Pero no solamente la del expresidente michoacano.

            Por si fuera poco, habría que añadir el extraño hecho de que ciertos municipios eran y son “castigados”, al parecer por razones de simpatías y antipatías políticas. Ricardo Baptista, director ejecutivo de la Asociación de Autoridades Locales de México, A.C. (AALMAC), a la cual pertenecía López Mendoza, lo recordó en entrevista con Carmen Aristegui el viernes 8. Baptista indicó que hasta 2011, es decir, hasta el último año del gobierno municipal del PRI, Santa Ana Maya recibía un presupuesto de 49 500 000 pesos. Para 2012 –el primer año del gobierno del Dr. López Mendoza, afiliado al PT- el presupuesto se redujo en 14 millones de pesos. Y la proyección para el 2013 implicaba, respecto a los 49 millones y medio del 2011, otros 11 millones de pesos menos. En total, se trata de 25 millones de pesos de los cuales Santa Ana Maya ha dejado de percibir en los últimos dos años. ¿Acaso sólo por las simpatías del Dr. López Mendoza con MORENA, el movimiento de Andrés Manuel López Obrador? Podría ser, pues el primer recorte todavía podría achacársele al gobierno de Calderón. Pero el segundo, el de los 11 millones menos para el 2013, es algo que ha ocurrido ya de lleno en tiempos de Enrique Peña Nieto. ¿Una manera de indicarle a la población que se abstenga de votar por las opciones políticas “equivocadas”?

            Pero aquí no termina la historia. Los 38 500 000 pesos del presupuesto del 2013 para el municipio de Santa Ana debían repartirse, como se ha indicado ya, en un 70 % para nómina y el restante 30 % para pagos varios a CONAGUA, CFE, TELMEX, etc… No queda claro qué tanto podría restar para obra pública y atención en general a las personas. Si en este panorama más bien escuálido se considera además lo que había que destinar a extorsiones…


Cobros no legales de diverso tipo.

            Ya desde febrero de este año el propio Dr. López Mendoza había alertado, en otra entrevista con Aristegui, de la precaria situación de los municipios más pobres de México. Y también ya desde entonces añadía el escalofriante detalle relativo a los cobros que el crimen organizado, pero también “consultores” presuntamente legales, realizaban a su administración.

            Los “consultores”, al parecer, se presentan en las alcaldías para cobrar por servicios no pedidos de “gestoría” ante el Congreso de la Unión. Según Ricardo Baptista, esto ocurre con ocasión de la asignación de los recursos federales. ¿Quiénes son y a cuenta de qué realizan este extraño trabajo? ¿Cómo es que el Congreso acepta sencillamente su existencia, la cual no aparece contemplada en ninguna parte del proceso legislativo constitucionalmente normado?

            Eso del lado de una extraña sombra de “legalidad”. Del lado de la ilegalidad pura y dura, el crimen organizado exige –según revelación de Baptista en la entrevista antes aludida- un “impuesto” del 10 % por cada obra pública realizada por el municipio, en casos como el de Santa Ana Maya. Eso, desde luego, encarece los costos de toda obra que un ayuntamiento decida emprender. Baptista aclaró a Aristegui la vía que los munícipes deciden seguir en estos casos: de común acuerdo con las empresas proveedoras, elaboran facturas y documentación con precios que ya contemplan el “impuesto” al crimen. Ésa es la única manera de sacar adelante los proyectos. Desde luego, esto equivale a pintar otra raya al tigre: una ilegalidad fiscal para sobrevivir ante la violencia y la extorsión, y también ante la indiferencia de las autoridades federales. Por eso el Dr. López Mendoza decía a su vez que a él lo esperaban “la cárcel o la tumba”. La cárcel por no tener manera de aclarar ante la secretaría de Hacienda, llegado el caso, el manejo de las cuentas municipales. Y la tumba… tal vez por hablar.


La tragedia de un denunciante.

            El 11 de febrero de 2013 el Dr. López Mendoza alertó, en su primera entrevista telefónica con Aristegui, acerca de la situación de los municipios en general y de Santa Ana Maya en particular. Como consecuencia, según reveló Ricardo Baptista el viernes 8 de noviembre, el alcalde habría recibido una primera amenaza grave. Después pasaron los meses, sin que pudiera decirse que el gobierno federal estuviese tomando cartas efectivas en el asunto. La situación llevó a López Mendoza a emprender la huelga de hambre que lo colocó en la escena nacional, del 4 al 22 de octubre y frente a las instalaciones del senado de la República. Fue por entonces que Carmen Aristegui –de nueva cuenta-, Fernanda Tapia y Revolución Tres Punto Cero, entre otros comunicadores y medios, lo entrevistaron para conocer sus motivos y sus puntos de vista.

            El miércoles 6 el Dr. López Mendoza estaba de nuevo en la Ciudad de México, para una reunión de la AALMAC. Ésa fue la última vez que Ricardo Baptista, el director ejecutivo de la asociación, lo vio con vida. Baptista le comentó a Aristegui un detalle inquietante. No bien había concluido su huelga de hambre y regresado a Santa Ana Maya, el Dr. López Mendoza recibió una llamada: la voz del otro lado de la línea le hacía notar que (“ellos”) ya estaban al tanto de los recursos comprometidos por la federación para el apoyo del municipio, y que era momento de cobrar el “impuesto” correspondiente a dichos nuevos recursos. El Dr. López Mendoza habría exclamado ante Baptista: “Pero… ¿quién les dijo?”.

            Después… El mismo miércoles 6, cerca de la media noche, el médico regresaba por fin a casa. No lo dejaron entrar. Su cuerpo y su camioneta aparecieron en un camino guanajuatense durante la mañana del jueves. El viernes fue que Osorio Chong reconoció públicamente que se trataba de un asesinato, desmintiendo desde el más alto nivel la precaria versión del “accidente”. Horas antes, los familiares del Dr. López Mendoza confirmaban que la autopsia realizada por las autoridades de Guanajuato indicaba tortura y muerte por asfixia. El sábado 9 el pueblo de Santa Ana Maya despedía, conmovido e indignado, a su alcalde.

            El Dr. Ygnacio López Mendoza ahora descansa en el pueblo que lo vio nacer hace 61 años. Es uno de los cerca de 50 presidentes municipales ejecutados desde el inicio de la sanguinaria guerra de Felipe Calderón, guerra que el gobierno de Peña Nieto no parece capaz de controlar.  Queda en el aire su última pregunta: y los extorsionadores del crimen organizado… ¿cómo sabían, en pocas horas, de los acuerdos logrados entre el presidente municipal y el gobierno federal? ¿Hasta qué nivel de las autoridades de este país llegan los tentáculos y los oídos de las organizaciones de delincuentes? ¿Es válido seguir concentrando la atención en la responsabilidad de presidentes municipales y funcionarios de ayuntamientos básicamente asfixiados e indefensos?


El Dr. Ygancio López Mendoza durante su huelga de Hambre - Foto: Animal Político

             

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