jueves, 7 de junio de 2012


LA PRIMAVERA MEXICANA, LA DISRUPCIÓN Y LOS MEDIOS DE LA PROTESTA.

    El movimiento #YoSoy132 ha alterado el rumbo de una campaña presidencial que parecía definida de antemano. Un logro importante, achacable ya a dicho movimiento, es justamente cambiar lo que parecía no tener más remedio. Ahora sigue pareciendo difícil evitar el retorno del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la presidencia de la república, así como obstaculizar el triunfo de la estrategia de las televisoras y los grandes medios de comunicación -estrategia identificada con la figura del candidato Enrique Peña Nieto. Pero hay que recordar que hace tan solo unas semanas ambas cosas entraban en el terreno de lo imposible.

    Esta situación se debe en parte a la radical novedad de algo como #YoSoy132. El sistema político mexicano -entendido en sentido amplio- no estaba preparado para hacer frente a una disrupción de esta naturaleza: un movimiento gestado en las redes sociales de la internet, lanzado a las calles a causa del desprecio y la ignorancia manifestada tanto por el candidato del PRI como por su equipo de campaña; una oleada que ha identificado la eventual victoria priísta con el retorno de una situación que los jóvenes integrantes del heterogéneo movimiento consideran sencillamente insoportable. Desde luego, ese sistema político ha hecho -y hará- todo lo posible y lo imaginable para neutralizar esa anomalía que tanto lo amenaza: ataques en el ámbito de internet, pero también manejos tácticos en los grandes medios masivos -desde la aparente condescendencia hasta la descalificación por parte de los profesionales del análisis. Y, por desgracia, la violencia física pura y cruda no está descartada en ningún momento.

    Parte de la radical novedad de #YoSoy132 tiene que ver, precisamente, con su carácter no violento. Los medios de la protesta han suscitado simpatías entre la población en general, sin duda en buena medida porque se ha recurrido a prácticas que no sólo se alejan de la agresión física; esas prácticas resultan altamente eficaces en el nivel que cabría llamar "simbólico". La identificación del enemigo con las grandes cadenas televisoras, en este sentido, es uno de los mejores ejemplos: muchos presienten, de alguna manera, que Televisa y Televisión Azteca construyen su poder mediante el engaño; una crítica fresca y creativa contra esos grandes consorcios le da voz a lo que muchos piensan pero hasta el momento no sabían articular. La crítica a las televisoras se convierte así en una reivindicación de muchas inquietudes antes silenciosas.

    Otro elemento simbólicamente poderoso para #YoSoy132, en especial en ciudades como Morelia, es la decisión de efectuar manifestaciones que no afecten las de por sí difíciles vidas de terceros. Marchar por las banquetas y no bloquear el tránsito consigue lo que manifestaciones algo más tradicionales han soñado muchas vece: que los transeúntes aplaudan y apoyen con bocinas. Esta práctica, sin duda, debe mantenerse a toda costa: en la mente de muchos, y seguramente con razón, es más justa la causa que no afecta a quien no debe afectar.

    La protesta pacífica no es sólo una decisión ética. Es toda una estrategia que verdaderamente causa estragos a quienes se enfrentan a #YoSoy132. Es muy importante, en consecuencia, mantener las luces críticas frente a otro tipo de movimientos que, en los medios tradicionales de la protesta -como los bloqueos carreteros o de calles-  han encontrado solamente la causa del enfrentamiento con los sectores de la sociedad a los cuales buscan dirigirse. Contra Maquiavelo: el medio nunca puede ser de naturaleza distinta al fin. En un lugar como Morelia, otros movimientos sociales voltean hacia #YoSoy132: en algún caso lo hacen con esperanza y genuinos deseos de aprender algo valioso; pero en otros, como era de esperarse, lo hacen con el ánimo de colonizar y engullir. En la medida en que #YoSoy132 se mantenga fiel a los medios de la protesta pacífica que no dañe a terceros, sin duda conseguirá otro logro valioso: evitar la infiltración por parte de cualquier fuerza política de carácter mucho más tradicional y sin duda no necesariamente legítimo.

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